(31-03-08)
DEHSLAH

A Maria Fernanda

Ella nos lleva siempre a la nieve. Vamos los tres juntos, con nuestros impermeables de colores.
El mío es rojo. He tenido suerte porque es mi color favorito. Mi hermano, el pequeño, lo tiene verde. Mi otro hermano azul.
La nieve es como un gran campo, solo que blanco, muy blanco. Debajo de la nieve hay algo pero no lo vemos.
Nada más llegar nos lanzamos sobre la fría pradera y comenzamos a saltar, a correr, a deslizarnos…
Después de un rato, la nieve ha perdido su color en aquellos lugares por los que hemos pasado. Cada uno de nosotros va dejando su huella. A veces competimos entre los tres a ver quién logra más marcas en la nieve.
Entonces ella, como de costumbre, sin regañarnos, nos coge de la mano uno por uno y pone orden.
Cuando la excursión finaliza nos sentimos cansados pero estamos muy contentos. Ella también es feliz pues sonríe dulcemente. Entonces, se da cuenta de que para nosotros ha sido una jornada muy dura ¡Claro!, somos muy pequeños.
No dice nada pero, con mucho cuidado, nos acuesta. Desde nuestras camitas, un momento antes de que nos apague la luz, la vemos mirar hacia los árboles a través de la ventana.
Dobla por la mitad el espacio nevado, ya todo en colores porque nuestros impermeables destiñen, y lo deja junto a nosotros.
Cierra suavemente su bolso y todo queda oscuro.

DEHSLAH, Madrid, 16-02-2008