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A
Maria Fernanda
Ella
nos lleva siempre a la nieve. Vamos los tres juntos, con nuestros impermeables
de colores.
El mío es rojo. He tenido suerte porque es mi color favorito. Mi
hermano, el pequeño, lo tiene verde. Mi otro hermano azul.
La nieve es como un gran campo, solo que blanco, muy blanco. Debajo de
la nieve hay algo pero no lo vemos.
Nada más llegar nos lanzamos sobre la fría pradera y comenzamos
a saltar, a correr, a deslizarnos
Después de un rato, la nieve ha perdido su color en aquellos lugares
por los que hemos pasado. Cada uno de nosotros va dejando su huella. A
veces competimos entre los tres a ver quién logra más marcas
en la nieve.
Entonces ella, como de costumbre, sin regañarnos, nos coge de la
mano uno por uno y pone orden.
Cuando la excursión finaliza nos sentimos cansados pero estamos
muy contentos. Ella también es feliz pues sonríe dulcemente.
Entonces, se da cuenta de que para nosotros ha sido una jornada muy dura
¡Claro!, somos muy pequeños.
No dice nada pero, con mucho cuidado, nos acuesta. Desde nuestras camitas,
un momento antes de que nos apague la luz, la vemos mirar hacia los árboles
a través de la ventana.
Dobla por la mitad el espacio nevado, ya todo en colores porque nuestros
impermeables destiñen, y lo deja junto a nosotros.
Cierra suavemente su bolso y todo queda oscuro.
DEHSLAH,
Madrid, 16-02-2008
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