Capta
nuestra atención el orondo caballero que nos mira,
como invitándonos a unirnos a la reunión, cuyo
sombrero marca el vértice superior del triángulo
equilatero que se erige en el centro de la composición
y entra en contacto con el caballero de marrón, cuya
mirada de soslayo refleja cierto escepticismo. En un segundo
plano queda el señor de azul de mirada ausente que
refleja cierta ensoñación.
La
pintora emplea la saturación del color, para dar un
aire festivo a su obra (sin duda un homenaje a la amistad),
y se vale de una pincelada decidida, a veces violenta, que
no deja indiferente al espectador. Con sutileza, sitúa
el punto de fuga en un cuadro insertado en la pared, tal vez
una obra suya anterior, que se nos antoja un homenaje a la
pintura del Renacimiento por la muscularidad que se adivina
en el desnudo.
En
definitiva, hemos de desear que esta creadora siga por el
buen camino emprendido y nos sorprenda con nuevas sensaciones
pictóricas.
(Ayanimof, abril 2010)