
Tal día como hoy, la pinacoteca madrileña ha inaugurado
la primera gran exposición antológica dedicada al pintor
valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923). No era cuestión,
para un enamorado, desde la primera ya lejana vez que me acariciaron
sus aguas, del mar Mediterráneo y su luz de singular belleza,
de desaprovechar la oportunidad de disfrutar con la contemplación
de más de cien obras. De esta forma, aprovechando que disponía
de la mañana libre, me he acercado a primerísima hora,
a fin de evitar aglomeraciones y a las 9,30 ya estaba frente a los primeros
lienzos.
La
exposición no defrauda y su único inconveniente es que
cuesta avanzar, pues te atrapa cada cuadro con sus múltiples
detalles y tienes que hacer esfuerzos para dejarlo y pasar al siguiente.
Vas degustando desde su pintura social a sus espléndidas escenas
de playa, donde demuestra su dominio de la incidencia de la luz natural
sobre las velas de las barcas de pesca, las ropas mojadas de las bañistas
con su juego de transparencias, los diversos matices del blanco de los
vestidos de las paseantes a orillas de ese mar que en continuo movimiento
juega con el sol.
Parada obligatoria merece el espléndido "Desnudo de mujer"
donde el maestro celebra la belleza del cuerpo de su mujer en claro
homenaje a "La Venus del Espejo" de su admirado Velázquez
o los magníficos retratos familiares inspirados en "Las
Meninas". Antes de llegar a su magna obra "Visión de
España" me despide la figura femenina de "La bata rosa",
cuya voluptuosidad se ve matizada por distintos focos de luz. Enfrentado
ya a los paneles con paisajes de las diversas regiones de España,
impresiona la grandiosidad del dedicado a Castilla "La fiesta del
pan" que requiere tiempo para apreciar sus cualidades, la expresión
de los rostros, los ropajes, los utensilios y el juego de la luz sobre
los diversos elementos que componen tan gigantesco lienzo (351x1392
cm). También destaca, aunque todos merecen atención, el
dedicado a Ayamonte (Huelva) "La pesca del atún" donde
contrastan las irisaciones azuladas del plateado pescado con el color
del mar que refulge al sol.
Embriagado
de luz y color llego a la muestra de pintura victoriana "La Bella
Durmiente" para recrearme en "Flaming June" (Sol ardiente
de Junio) de Frederic Leighton donde una joven dormida, cuya hermosa
anatomía apenas difumina su vestido de gasa de intenso color
naranja que ilumina la luz del Mediterráneo, atrapa mi atención
durante un rato y pone un hermoso colofón a mi visita.