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Robin
Hook (23-09-08)
El
otro día fui al teatro. Hacía tiempo que no tenía
la ocasión de volver a encontrar a estos ilustres payasos
que atienden por el nombre de Els Joglars y que bajo la batuta
de Albert Boadella llevan más de tres décadas,
que se dice bien y pronto, poniendo en solfa todo lo establecido,
lo correcto y lo políticamente aceptable, libres de etiquetas,
odiados o queridos, indómitos, fuera de tendencias, a
contrapelo.
Nadie como el binomio que forman ha sido capaz de identificar
nuestra tontería más profunda, y expresarla con
tanta gracia, pasándonos por los hocicos nuestra carencia
o nuestra sobra, que de todo hay. Estos geniales histriones
han repartido estera dentro y fuera de la democracia. Perseguidos
por el franquismo, por el nacionalismo catalán más
ultramontano, por los seudoprogres más desvergonzados,
por los gobiernos de todo signo que se han ido sucediendo en
esta piel de toro mal curtida. A todos han sido capaces de dejarlos
con la culera al aire.
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Hace
cosa de treinta añitos, recuerdo que en el banco había
un compañero, Manuel García Sierra. A veces cogía
una frase, normalmente ingeniosa, y la repetía hasta
cargar la paciencia de aquel o aquellos que tenía más
cerca. Después se iba a por otros. Una de aquellas frases
que recuerdo comenzaba así: Manolo ponía cara
de interesante y afirmaba "Según la actual coyuntura
socioeconómica cuatripartita y escaqueante..." Aquí
hacía una pausa cómplice, miraba a ambos lados
y susurraba: "No sé lo que significa… pero suena
bien la palabreja". Poco imaginaba yo en aquel momento,
que Manolo estaba describiendo el futuro.
Efectivamente, gracias a la reflexión posterior a ver
La Cena, he vuelto a pensar que en la sociedad que hemos
construido tras el franquismo, se ha instalado el dar por supuesto
en todos nosotros, y, superlativamente, en el caso de la clase
política de cualquier signo, demasiadas cosas: se les/nos
supone formación, cultura, democracia y hasta educación,
y eso no suele corresponderse con su/nuestra realidad. Han/hemos
pasado por esos valores sin ningún examen y ahora no
les/nos gusta que venga nadie a pasarnos reválidas que
no superarían/mos. La mediocridad encumbrada y además
con etiqueta de original, pero ¿ante quién? Las
personas con verdadera formación, cultura, educación
y espíritu democrático han de estar, por fuerza,
en estado de permanente alucinación.
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Conscientes
de su/nuestra mediocridad, no dudan/amos en utilizar cualquier
estrategia defensiva para no vernos descubiertos. Por
ejemplo, la modernidad como valor incuestionable. Lo "antiguo"
lo hemos superado (cuando no hemos pasado ni por ello)
y se trata de centrarnos en el valor de lo innovador,
lo nuevo, para buscar ese conocimiento iniciático
que nos diferencie y nos haga ir un paso por delante del
resto de mediocres que nos rodean en una sociedad de encefalograma
plano.
Hasta
que llega Boadella con la recortá y deja al descubierto
todo el cotarro. Se ríe y nos hace reír
de esa ministra de cuota, empavecida y soberbia, con su
tradicional cohorte de pelotilleros y aduladores, de ese
juez que habla como Alfonso Guerra y no quiere mojarse
en aquello que no aprovechará a su carrera, de
los funcionarios, de los profetas de la Nueva Cocina,
-Jesucristo sirvió un pan desestructurado, lo llamó
hostia y aún hoy se sigue consumiendo-, de la modernidad,
de las ideas peregrinas -¿Oye y si soltamos rinocerontes
en Doñana?-
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Dos
horas desternillantes, en las que nos reímos más
o menos de nosotros mismos, tal vez sin darnos cuenta. La biodiversidad
sostenible globalizada ecológicamente puesta en solfa
-Soy una persona de probada formación cultural, un intelectual:
leo el País todos los días-. Un montaje ágil
y con ritmo mantenido, un cúmulo de situaciones cómicas
y unos, como dije, ilustres payasos, con muchas tablas, sacando
a flote sin complicaciones su tarea, que hasta parece fácil.
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Ellos
mismos se explican en un texto que no me resisto a reproducir,
puesto que plasma con mejor acierto que mi escrito, sus aviesas
intenciones:
Algunas de las razones que nos han impulsado a construir
La Cena.
Vivimos en la época de mayor esplendor del Tartufo. El
gran personaje de Molière tiene hoy su máxima
expansión en nuestra sociedad. Raudales de palabras altisonantes
y una ostentación pública de filantropía
son las señas de identidad de una época exhibicionista
que se finge magnánima.
En este sentido, observamos el gran negocio del medioambiente
y la frivolidad política sobre un tema que afecta a toda
la humanidad. El disparate se halla en el constante estímulo
de una política de consumo compulsivo que al mismo tiempo
provoca el supuesto cambio climático mientras se proponen
simulacros de lucha por un mundo sin contaminación.
Constatamos una demanda progresiva de dioses laicos, ya sea
en las tendencias apocalípticas o, incluso, en la gastronomía
y el ocio. Ello induce a una natural predisposición social
para convertir en doctrina ordenancista cualquier liderazgo,
invocando razones superiores a la libertad individual, como
puede ser la salvación del planeta.
Por
mi parte, solamente queda recomendar que, cuando La Cena esté
a vuestro alcance, vayáis a contribuir a que la inteligencia,
el humor y la lucidez de análisis, pueda seguir teniendo
un hueco en el panorama teatral de nuestro país.
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| Germinal |
(26-11-2005) |
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Hace
unos días me acerqué a la taquilla del Teatro
Albéniz (Calle de la Paz, junto a la Puerta del Sol,
por si a alguien le interesa) con la sana intención de
conseguir entradas para ver la nueva obra de Joglars "En
un lugar de Manhattan". Hete aquí mi sorpresa, las
conseguí sin problemas. De modo que ayer 24 pude asistir
a su representación. El teatro no se llenó del
todo...
Sirva
esta entradilla para transmitir que, por ahora y aunque estarán
hasta el 8 de enero próximo, parece fácil conseguir
entradas. Hacedlo. Sobre todo aquellos que simpaticéis
con la transgresión, con la irreverencia convertida en
arte o con el arte irreverente, con la mordacidad y la sátira
inteligente, con los iconoclastas y, en definitiva, con el buen
teatro, creo yo (y a falta de que mi llorado D. Eduardo Haro
me hubiera podido decir algo sobre esta obra).
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Se
trata de una recreación de la obra cervantina establecida
a partir de dos enfoques. Uno, orquestado por una autora argentina
(Gabriela Orsini, se llama el personaje) que pretende realizar
una versión pretendidamente feminista. Otra, por la aparición
"casual" de un par de fontaneros que vienen a arreglar
goteras en el teatro y que resultan ser dos internos del
psiquiátrico de S. Blas (Justino y Jordi) y que, a la
que pasan por allí, acaban imponiendo su versión
alocada, auténtica, del "clásico"...
Ya no hay locos, escribió León Felipe ( y cantó
Paco Ibáñez). Pues algunos quedan: Joglars, con
Boadella al frente (impresionante Fontseré, como siempre)
y, también, algunos de los que les aplaudimos.
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De
modo que, amigos libertarios, vedla, que no estamos solos. Los
no libertarios, hacedlo también y oxigenáis el
"coco" que no viene mal.
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