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... un rincón en la memoria "Nuestro Teatro"

Última aportación el Lunes, 22 Septiembre, 2008

Esta sección, al igual que el resto de las que componen ... un rincón en la memoria,  nace con la ilusión de que sirva de punto de encuentro entre aquellas personas que  tengan algo que compartir, ahora TEATRO.

 

Publicaremos tus comentarios a las aportaciones de esta página. Envíalos a:

seccion.estatal@cgtbbva.net

 

Robin Hook (23-09-08)

El otro día fui al teatro. Hacía tiempo que no tenía la ocasión de volver a encontrar a estos ilustres payasos que atienden por el nombre de Els Joglars y que bajo la batuta de Albert Boadella llevan más de tres décadas, que se dice bien y pronto, poniendo en solfa todo lo establecido, lo correcto y lo políticamente aceptable, libres de etiquetas, odiados o queridos, indómitos, fuera de tendencias, a contrapelo.

Nadie como el binomio que forman ha sido capaz de identificar nuestra tontería más profunda, y expresarla con tanta gracia, pasándonos por los hocicos nuestra carencia o nuestra sobra, que de todo hay. Estos geniales histriones han repartido estera dentro y fuera de la democracia. Perseguidos por el franquismo, por el nacionalismo catalán más ultramontano, por los seudoprogres más desvergonzados, por los gobiernos de todo signo que se han ido sucediendo en esta piel de toro mal curtida. A todos han sido capaces de dejarlos con la culera al aire.

Hace cosa de treinta añitos, recuerdo que en el banco había un compañero, Manuel García Sierra. A veces cogía una frase, normalmente ingeniosa, y la repetía hasta cargar la paciencia de aquel o aquellos que tenía más cerca. Después se iba a por otros. Una de aquellas frases que recuerdo comenzaba así: Manolo ponía cara de interesante y afirmaba "Según la actual coyuntura socioeconómica cuatripartita y escaqueante..." Aquí hacía una pausa cómplice, miraba a ambos lados y susurraba: "No sé lo que significa… pero suena bien la palabreja". Poco imaginaba yo en aquel momento, que Manolo estaba describiendo el futuro.

Efectivamente, gracias a la reflexión posterior a ver La Cena, he vuelto a pensar que en la sociedad que hemos construido tras el franquismo, se ha instalado el dar por supuesto en todos nosotros, y, superlativamente, en el caso de la clase política de cualquier signo, demasiadas cosas: se les/nos supone formación, cultura, democracia y hasta educación, y eso no suele corresponderse con su/nuestra realidad. Han/hemos pasado por esos valores sin ningún examen y ahora no les/nos gusta que venga nadie a pasarnos reválidas que no superarían/mos. La mediocridad encumbrada y además con etiqueta de original, pero ¿ante quién? Las personas con verdadera formación, cultura, educación y espíritu democrático han de estar, por fuerza, en estado de permanente alucinación.

Conscientes de su/nuestra mediocridad, no dudan/amos en utilizar cualquier estrategia defensiva para no vernos descubiertos. Por ejemplo, la modernidad como valor incuestionable. Lo "antiguo" lo hemos superado (cuando no hemos pasado ni por ello) y se trata de centrarnos en el valor de lo innovador, lo nuevo, para buscar ese conocimiento iniciático que nos diferencie y nos haga ir un paso por delante del resto de mediocres que nos rodean en una sociedad de encefalograma plano.

Hasta que llega Boadella con la recortá y deja al descubierto todo el cotarro. Se ríe y nos hace reír de esa ministra de cuota, empavecida y soberbia, con su tradicional cohorte de pelotilleros y aduladores, de ese juez que habla como Alfonso Guerra y no quiere mojarse en aquello que no aprovechará a su carrera, de los funcionarios, de los profetas de la Nueva Cocina, -Jesucristo sirvió un pan desestructurado, lo llamó hostia y aún hoy se sigue consumiendo-, de la modernidad, de las ideas peregrinas -¿Oye y si soltamos rinocerontes en Doñana?-

Dos horas desternillantes, en las que nos reímos más o menos de nosotros mismos, tal vez sin darnos cuenta. La biodiversidad sostenible globalizada ecológicamente puesta en solfa -Soy una persona de probada formación cultural, un intelectual: leo el País todos los días-. Un montaje ágil y con ritmo mantenido, un cúmulo de situaciones cómicas y unos, como dije, ilustres payasos, con muchas tablas, sacando a flote sin complicaciones su tarea, que hasta parece fácil.

Ellos mismos se explican en un texto que no me resisto a reproducir, puesto que plasma con mejor acierto que mi escrito, sus aviesas intenciones:

Algunas de las razones que nos han impulsado a construir La Cena.
Vivimos en la época de mayor esplendor del Tartufo. El gran personaje de Molière tiene hoy su máxima expansión en nuestra sociedad. Raudales de palabras altisonantes y una ostentación pública de filantropía son las señas de identidad de una época exhibicionista que se finge magnánima.
En este sentido, observamos el gran negocio del medioambiente y la frivolidad política sobre un tema que afecta a toda la humanidad. El disparate se halla en el constante estímulo de una política de consumo compulsivo que al mismo tiempo provoca el supuesto cambio climático mientras se proponen simulacros de lucha por un mundo sin contaminación.
Constatamos una demanda progresiva de dioses laicos, ya sea en las tendencias apocalípticas o, incluso, en la gastronomía y el ocio. Ello induce a una natural predisposición social para convertir en doctrina ordenancista cualquier liderazgo, invocando razones superiores a la libertad individual, como puede ser la salvación del planeta.

Por mi parte, solamente queda recomendar que, cuando La Cena esté a vuestro alcance, vayáis a contribuir a que la inteligencia, el humor y la lucidez de análisis, pueda seguir teniendo un hueco en el panorama teatral de nuestro país.

 
Germinal (26-11-2005)
Hace unos días me acerqué a la taquilla del Teatro Albéniz (Calle de la Paz, junto a la Puerta del Sol, por si a alguien le interesa) con la sana intención de conseguir entradas para ver la nueva obra de Joglars "En un lugar de Manhattan". Hete aquí mi sorpresa, las conseguí sin problemas. De modo que ayer 24 pude asistir a su representación. El teatro no se llenó del todo...

Sirva esta entradilla para transmitir que, por ahora y aunque estarán hasta el 8 de enero próximo, parece fácil conseguir entradas. Hacedlo. Sobre todo aquellos que simpaticéis con la transgresión, con la irreverencia convertida en arte o con el arte irreverente, con la mordacidad y la sátira inteligente, con los iconoclastas y, en definitiva, con el buen teatro, creo yo (y a falta de que mi llorado D. Eduardo Haro me hubiera podido decir algo sobre esta obra).

Se trata de una recreación de la obra cervantina establecida a partir de dos enfoques. Uno, orquestado por una autora argentina (Gabriela Orsini, se llama el personaje) que pretende realizar una versión pretendidamente feminista. Otra, por la aparición "casual" de un par de fontaneros que vienen a arreglar goteras en el teatro y que resultan ser dos internos del
psiquiátrico de S. Blas (Justino y Jordi) y que, a la que pasan por allí, acaban imponiendo su versión alocada, auténtica, del "clásico"... Ya no hay locos, escribió León Felipe ( y cantó Paco Ibáñez). Pues algunos quedan: Joglars, con Boadella al frente (impresionante Fontseré, como siempre) y, también, algunos de los que les aplaudimos.

De modo que, amigos libertarios, vedla, que no estamos solos. Los no libertarios, hacedlo también y oxigenáis el "coco" que no viene mal.