La partida de billar

La discusión a la hora de pagar la partida consistió en que el mejor jugado (nº 1) alegó que como había batido al nº 4 no había perdido. Pero el nº 4 había batido al nº 3, por lo que dijo que él tampoco era allí el perdedor. El nº 3, por su parte, sostuvo que haciendo equipo con el nº 2, habían batido al nº 1, por lo que, de acuerdo con lo hablado, él tampoco había perdido.

Se cuenta que estando en esta discusión y como no se ponían de acuerdo, el nº 4 dijo que él había hecho más bolas que el nº 3, por lo que no estaba dispuesto a pagar nada, así que cogió la chaqueta y se marchó. En tal situación, el nº 1 hizo frente a su compromiso contraido con los otros dos y pagó la partida y las copas.

Pero el final podía haber sido otro, porque si bien los jugadores nº 2 y nº 3, tenían un arrego especial con el nº 1, no tenían ningún arreglo con el nº 4. Así, aunque esos dos jugadores habían batido conjuntamente al nº 1, el jugador nº 3 había perdido frente al nº 4, con el que no había ningún arreglo especial y, por tanto, era el nº 3 el perdedor.

Realmente la solución puede ser cuestión de opiniones. El problema fundamental no es tanto determinar quién perdió como el que no haber especificado de forma clara y previa a la partida qué se entendía por perdedor. Tan pronto se incorporó el cuarto jugador, se debía haber clarificado de nuevo a quién se podía considerar perdedor.

Este problema se atribuye al prolífico inventor de rompecabezas y pasatiempos Sam Loyd (1841-1911), autor entre otras muchas cosas del llamado "rompecabezas del 14-15", que trajo de cabeza a miles de personas a finales del siglo XIX y por cuya solución el propio Sam Loyd ofreció la suma de 1.000 dólares americanos, cantidad nada despreciable hoy pero una auténtica fortuna entonces (no corrió ningún peligro, porque sabía que el rompecabezas no tenía solución).