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El tirador A apuntó cuidadosamente y disparó... al aire. En efecto, primero pensó en tirar sobre B, pero comprendió que si le acertaba, le tocaría tirar a C, que dispararía contra él mismo (o sea, contra A), y había 2 probabilidades sobre 3 de que le acertara. Sería más sensato tirar sobre C ya que, si le acertaba, sería B quien tirase sobre él y sólo tenía 1 probabilidad sobre 3 de acertarle. Pero luego pensó, con preocupación, que dada su escasa puntería, era muy probable que fallase el disparo, fuera contra quien fuera, y ¿qué pasaría entonces?. Pues pasaría que tendría que tirar B y con toda probabilidad lo haría sobre C, que era el rival más peligroso y, en caso de que acertara, sería él mismo (A) quien tendría que tirar de nuevo sobre su único rival vivo, B. Igualmente, si B fallaba, sería C quien tirase y lo haría sobre B por ser el rival más peligroso para él y, si C acertaba, tiraría de nuevo A que lo haría sobre el superviviente C. Por lo tanto, si A acertaba, el siguiente disparo iría contra él, mientras que si fallaba, sus rivales intentarían matarse entre ellos y después le tocaría disparar de nuevo a él y quizás ya sólo con un rival. Así que apuntó cuidadosamente bien lejos de ambos (no fuera que su mala puntería le hicera dar a alguno) y disparó. Y se dispuso a seguir tirando al aire en su turno mientras B y C siguieran en pie. Eso sí, tan pronto uno cayera, utilizaría su turno para disparar contra el otro, lo mejor que pudiera. |