En principio parece que le vendría a dar igual una puerta que otra, ya que si hay dos puertas, cada una está al cincuenta por ciento de probabilidades de tener el premio. Sin embargo, hay quien asegura que le resultaría ventajoso cambiar de puerta, ya que al elegir por primera vez la puerta nº1 tenía un tercio de probabilidades de acertar y, por lo tanto, entre las otras dos puertas tenían dos tercios de probabilidades de tener el premio. Pero al abrir una de esas dos que no tiene premio (en este supuesto la nº3), los dos tercios de probabilidades quedan de alguna manera concentrados en la puerta pendiente de abrir (en el supuesto la nº2) y por lo tanto tiene ventaja sobre la que eligió primero.

Si resulta difícil de asimilar el razonamiento, podemos planternos el caso con cien puertas para elegir. El concursante elige una de las cien y su probabilidad de acertar es de 1 sobre 100, mientras que hay un 99 sobre 100 de probabilidades de que el premio esté detrás de una de las 99 puertas restantes. Pues bien, supongamos que ahora el presentador abre 98 de las 99, todas ellas sin premio y deja sin abrir sólo una de ellas. ¿Cuál es la probabilidad de que el premio esté tras esa puerta?. Pues si en la primera que eligió había 1/100, en ésta otra estaría concentrada la probabilidad restante: 99/100.

Por otro lado, si el concursante no hubiera elegido aún ninguna puerta y el presentador abriera una de ellas (en el caso de las tres) o noventa y ocho (en el caso de las cien) y dejara sin abrir las mismas dos de antes (lo cual siempre es posible, ya que el premio está en una de ellas), entonces la probabilidad para el concursante sería de 50 sobre 100 para cada puerta.

Curioso ¿verdad?.

Este problema es conocido como Problema de Monty Hall y al parecer ha dado mucho que pensar a más de un teórico del cálculo de probabilidades.