El rey cogió una onza del primer recaudador, dos del segundo, tres del tercero y así sucesivamente, de modo que del décimo recaudador cogió las diez onzas.

Luego pesó todas las onzas seleccionadas juntas, en una sola pesada, y supo quien era el estafador, ya que si faltaban, por ejemplo, tres gramos, el estafador era el tercero, si cinco gramos, el quinto, etc.