ÉTICA Y PSICOANÁLISIS
Erich Fromm

... El hombre de Occidente ha estado obsesionado durante las últimas centurias por la idea del trabajo, por la necesidad de una actividad constante. En esta circunstancia es casi incapaz de haraganear. Este contraste, sin embargo, es sólo aparente. La pereza y la actividad compulsiva no son opuestas, sino dos síntomas del trastorno en el funcionamiento adecuado del hombre. En el individuo neurótico encontramos frecuentemente la incapacidad para trabajar como su síntoma principal; en la llamada persona "ajustada", la incapacidad para gozar del ocio y del reposo. La actividad compulsiva no es lo opuesto a la pereza, sino su complemento; lo opuesto a ambas es la productividad.

El entorpecimiento de la actividad productiva da lugar a la inactividad o a la superactividad. El hambre y la fuerza nunca pueden ser condiciones para la actividad productiva. Por el contrario, la libertad, la seguridad económica y una organización de la sociedad en la cual el trabajo pueda ser la expresión más significativa de las facultades del hombre, constituyen los factores conducentes a la expresión de la tendencia natural del hombre a hacer uso productivo de sus poderes.

La actividad productiva se caracteriza por el intercambio rítmico de la actividad y el reposo. El trabajo, el amor y el pensamiento productivos son posibles únicamente si la persona puede estar, cuando es necesario, sosegada y sola consigo misma. Ser capaz de prestar atención a sí mismo es un requisito previo para tener la capacidad de prestar atención a los demás: el sentirse a gusto con uno mismo es la condición necesaria para relacionarse con otros.