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GUAPA
DE CARA Nos pasamos
media vida tropezando con los muebles, pillándonos los dedos en
las puertas, dándonos coscorrones contra el pico de las mesas.
Sin embargo, llega ese día en que te agachas a coger una cacerola
y, al incorporarte, te das en la cabeza con la puerta del armario de los
vasos. Si lo primero que piensas es que es culpa de tu marido, que otra
vez se la ha dejado abierta, entonces el matrimonio ya está muerto,
el amor se ha evaporado y no hay nada que hacer. |