GUAPA DE CARA
Rafael Reig

Nos pasamos media vida tropezando con los muebles, pillándonos los dedos en las puertas, dándonos coscorrones contra el pico de las mesas. Sin embargo, llega ese día en que te agachas a coger una cacerola y, al incorporarte, te das en la cabeza con la puerta del armario de los vasos. Si lo primero que piensas es que es culpa de tu marido, que otra vez se la ha dejado abierta, entonces el matrimonio ya está muerto, el amor se ha evaporado y no hay nada que hacer.
El día que una ya no dice: ¡La puta puerta!, sino ¡Qué cabrón!, todo ha terminado. Ya no es la puta puerta contra lo que te has tropezado, sino tu vida entera, tu vida que está mal cerrada, que está donde no debería estar, al acecho, preparada para golpearte en la frente. ¡La puta vida!, eso es lo que una piensa, porque el problema no es ese armario que no tendría que estar abierto, sino la vida que llevas, que no debería estar ahí, atravesada en medio de tu camino.