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SANGRE
ESPAÑOLA
La rubia se puso de pie con un ademán lento. Su mano derecha surgió de bajo los almohadones con un pequeño revólver automático, el mismo con el que había disparado contra Delaguerra. Sus ojos verdes eran pálidos, vacíos, fijos. Masters giró y apuntó al brazo de la muchacha con el brillante revólver. Ella disparó dos veces, una tras otra, sin la menor vacilación. La sangre brotó del grueso cuello de él y manchó la parte delantera de su chaqueta. Trastabilló y dejó caer el brillante revólver casi a los pies de Delaguerra. Cayó hacia delante, hacia la pared, detrás de la silla de Delaguerra, y tanteó con un brazo en busca de la pared. Su mano la alcanzó y la arañó al caer. Se desplomó pesadamente y no volvió a moverse. Delaguerra tenía el brillante revólver casi en la mano. Drew se había puesto de pie y chillaba. La muchacha se volvió lenta hacia Aage, ignorando a Delaguerra. Aage extrajo una Luger de bajo el brazo y empujó a Drew con el brazo, quitándole del medio. El pequeño revólver automático y la Luger rugieron al mismo tiempo. El pequeño revólver no dio en el blanco. La muchacha cayó sobre el diván, apretándose un seno con la mano izquierda. Sus ojos giraron, e intentó levantar otra vez el revólver. Después cayó de lado sobre los almohadones y su mano izquierda quedó floja, abandonando el seno. La parte delantera de su vestido fue una súbita inundación de sangre. Sus ojos se abrieron y se cerraron, se abrieron de nuevo y quedaron abiertos. Aage giró la Luger hacia Delaguerra. Sus cejas estaban contraídas en una aguda mueca de intenso esfuerzo. Su pelo color arena, lisamente peinado, se pegaba a su huesudo cráneo, como si estuviera pintado en él. Delaguerra tiró cuatro veces contra él, tan rápidamente que las explosiones fueron como el tabletear de una ametralladora. En el segundo antes de la caída, la cara de Aage se convirtió en la cara delgada y vacía de un viejo, sus ojos fueron los ojos huecos de un idiota. Después, su largo cuerpo cayó de perfil al suelo, siempre con la Luger en la mano. Una pierna se dobló debajo de él, como si no tuviera huesos. El olor a pólvora era penetrante. El aire resonaba con el ruido de los disparos. Delaguerra se puso lentamente de pie y se movió hacia Drew con el brillante revólver. -Su fiesta, comisionado. ¿Es así como la quería? Drew asintió lentamente, con la cara blanca, estremecido. Tragó saliva, atravesó lentamente el cuarto y pasó junto al cuerpo tendido de Aage. Miró a la muchacha en el diván y meneó la cabeza. Se acercó a Masters, e apoyó en una rodilla junto al cuerpo y lo tocó. Volvió a incorporarse. Delaguerra dijo: -Perfecto. ¿Qué pasó con el grandote, el matón? -Lo
mandaron lejos. No creo que quisieran matarle a usted. Delaguerra asintió
levemente. Su ara empezó a ablandarse, las rígidas líneas
desaparecieron. El lado que no era una máscara manchada de sangre
empezó a parecer humano. |