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Igualdad y Conciliación Laboral
TESTIMONIOS

(Vivencias y opiniones personales a cuyos protagonistas mantendremos anónimos)

El poder de tu palabra

El 22 de marzo de 2007, se aprobó la Ley orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, cuya finalidad es "combatir todas las manifestaciones aún subsistentes de discriminación, directa o indirecta, por razón de sexo y promover la igualdad real entre mujeres y hombres, con remoción de los obstáculos y estereotipos sociales que impiden alcanzarla".

Sin embargo, este es sólo el primer paso de un largo camino; son pocos los casos reales en los que se refleja el ideal de la ley. Todos debemos trabajar para que esta norma no se quede en un ideal, sino que genere una realidad.

Con ánimo de contribuir a este cambio, hemos creado este espacio para que todos podáis comunicar libremente vuestros problemas y vivencias respecto a este tema. Necesitamos conocer la realidad para poder transformarla.

Próximamente podréis incorporar vuestro caso directamente en esta página, de momento podéis enviarnos un correo electrónico. En todo caso, vuestra identidad quedará salvaguardada.

seccion.estatal@cgtbbva.net

TESTIMONIOS

"Mi opinión"

 

El banco, y lo pongo con minúsculas porque ya no merece para mí ponerlo con mayúscula, tiene una expresión, "Pasión por las personas", para denominar unos productos que ofrece.

También lanzó el año pasado "Voluntarios BBVA".

Estoy en desacuerdo con que el banco haga uso de estas expresiones.

Las razones son que, al menos en extendidos sectores dentro del banco: oficinas, algunos departamentos, etc., no manifiesta esa "Pasión por las personas".

¿De qué alardea?, cuando yo y muchos y muchas sabemos la presión a la que se ven sometidos y sometidas nuestros compañeros-as?. Otras personas se han visto sin contrato laboral porque no han accedido a ir a Málaga, por ejemplo.

¿Dónde está la pasión por las personas?. En realidad hacen negocio. La pasión por las personas se manifiesta teniendo unas condiciones laborales adecuadas, tanto en los medios con los que se dispone para trabajar, como en el trato que se da a las personas que trabajan.

"Voluntarios BBVA". Ya en su día, me pareció que el banco no debía poner sus siglas en un proyecto de voluntariado, dado que el banco no es una ONG. Que él colabore, y me parece muy bien y de agradecer, en proyectos para ayudar a países que lo necesiten, es otra cosa y sus siglas aparecerán ligadas a esos proyectos. Pero denominar "Voluntarios BBVA" a un proyecto de voluntariado, no me parece que deba permitirse.

Los voluntarios son las personas, no el BBVA. Los voluntarios colaboran con las ONG's que quieran, pero ese protagonismo que yo veo del BBVA en ese proyecto, no me parece correcto. Me parece digno de elogio que compañeros y compañeras colaboren en proyectos de voluntariado con ONG's, pero creo que deberían hacerlo sin llevar el "apellido" BBVA.

Creo que las cosas deben estar en su sitio.

Manifiesto mi opinión, en un momento en el que veo que este banco, pese a los enormes beneficios que obtiene, precariza el empleo, firma convenios por debajo del IPC, presiona para conseguir objetivos, permite prolongaciones de jornada muy por encima del horario establecido, y tiene un sistema de retribución extra-convenio que no es justo.

En estas condiciones, ni "Pasión por las personas", ni "Voluntarios BBVA", en mi opinión.

Una estudiante

 

No son frenos personales. Son genéticos y sociales

Hasta los 40 años no me había dado cuenta de que pertenecía al género femenino, salvo por mi aspecto exterior y mi funcionamiento biológico, ya que en la educación que recibí de mis padres me primaban los aspectos que me convertirían en un ser pensante y crítico, capaz de desarrollarme y de volar.

Como en cualquier otro ser, mis expectativas y ambiciones eran grandes, y tanto mi dedicación como mis esfuerzos de superación profesional eran también grandes. Pero no quería estar sola, mi reloj biológico marcaba la hora de formar una familia, como aquella en la que yo había crecido, con individuos que evolucionan y crecen juntos en un ambiente de confianza, acogedor y seguro donde vivir, crecer y volar.

Mi decisión desencadenaba otra de otros sobre la que yo no tendría ningún control. Capacidades, esfuerzos, dedicación, compromiso, aptitudes profesionales, competencia ocurrían al mismo tiempo que educaba a mis hijos, sin mermas, duplicando incluso mis propias energías con un pesado sobreesfuerzo, pero no volaba.

Conseguido mi propósito familiar, el lazo con los hijos comienza a soltarse, y decidida a despegar sin escatimar esfuerzos, situada en pista, por la ventanilla veo como un monstruo llamado drogas-alcohol-fracaso escolar intenta entrar en mi casa de la mano infantil y amiga de mis hijos. El cálculo realizado en milésimas de segundo sobre sus efectos me obliga a abortar el intento. Necesitaba de todas las energías disponibles, sin excusas, para esta nueva lucha: dura, sin horarios, ni tregua ni vacaciones, pero que sabía que perderla suponía la destrucción de mis hijos y la mía propia. Ahora tampoco podía volar.

La mochila inicial que portaba había multiplicado su peso por mil. Mi hogar era seguro, el mundo no. Ningún sherpa, privado ni público, estaba dispuesto, ni en condiciones ni preparado para llevarla mientras yo iniciara cualquier clase de ascenso a cualquier carrera profesional. La carga era muy preciada para mí y mi nivel de exigencia muy alto. La maternidad impone a la mujer el altruismo más brutal existente en la naturaleza, algo científicamente demostrado. No solo no debo volar, sino que genéticamente tampoco me estaba permitido hacerlo.

Hoy otras alas sobrevuelan mi cabeza. Son más brillantes, de colores, casi sintéticas, tersas, excitantes, nuevas, pero su vuelo será corto. Su recorrido será tan corto que en una maniobra equivocada no dispondrán del margen de maniobra necesario para asumir el error en vuelo y rectificar para reemprender más sabias. Vigiladas, medidas, observadas, el más mínimo error las hará tropezar contra el frío asfalto. Sus vuelos serán cortos, demasiado cortos. Bajos, demasiado bajos. Ellas no lo saben, pero ellos sí. A pesar de todo, me gustaría haber volado.

A partir de los 40 biológicamente te estás muriendo. Profesionalmente también. Pero intelectualmente estás creciendo. Más sabia se pueden explorar más cielos. Este es el mensaje que intento transmitir a mis hijos y a los jóvenes en cuyas miradas puedo leer: "Por qué no volaste?". Todavía no están preparados para encajar una respuesta porque carecen de la perspectiva necesaria para comprenderla.

Demasiado corta la vida de una mujer que lucha y demasiado lentos los avances sociales en su favor para ella misma. Ha de conseguir que los avances, aun siendo pequeños, sean sólidos como la piedra e inamovibles e inculcar a nuevas generaciones la necesidad de portar el testigo de trabajar para hacer mínimas las desigualdades entre sexos y, sobre todo, para el necesario componente masculino-femenino, del que nunca debimos prescindir, que las decisiones y conclusiones en todos los ámbitos deben contener para conseguir un avance correcto de la Humanidad.


Liberta

UNA RESPUESTA

Creo que el testimonio de esta compañera, en el que se reconoce ser pensante pero al margen de una realidad humana, supone que, durante buena parte de su vida profesional, ha sido una persona menos crítica de lo que cree y muy comprometida con su carrera. Esta actitud parece fruto de una alta autoexigencia y una formación sesgada por dejar al descubrimiento personal y tardío aspectos bastante negativos de nuestro entorno.
Vaya por delante mi agradecimiento a su sinceridad y a la participación de su experiencia.

En mi opinión, lo esencial es que reconoce la desproporción entre el esfuerzo sin merma por otros intereses personales y, la falta de reconocimiento. Como ella dice, no volaba.
Otros, con esfuerzos mayores, menores o distintos, lo conseguían. Y a ella, le hubiera gustado ¡Como no¡

No se trata de un caso personal, una anormalidad sin réplicas ni entorno. Hablamos de un proceso dañino, objeto de estudio de psicólogos y expertos en patologías organizacionales y, al que sin duda, este banco nos aboca, la gestión de la frustración: Cuando, como,..de la injusticia, pasamos al enfrentamiento, la resignación, el pasotismo, el desfogue en otros ámbitos.... o directamente encararlo como lo que es, un nicho de desplazamiento del mérito de unas a otros/as mejor apuntalados.

La realidad es mucho más compleja que una pelea feminista, pero el hecho subyacente es que la discriminación de género es su proteína:

-Primero, por su dimensión, que transciende el propio banco. El esfuerzo de preparación y profesional al que hace referencia no solo es personal sino de toda su familia que lo ha sostenido. Clientes, accionistas, competidores, proveedores... se preguntan con desconcierto en muchas ocasiones sobre ascensos, movimientos y reconocimientos difícilmente concebibles...y por estancamientos de carreras igualmente extrañas.

-Segundo, porque el mérito, como la energía, no se destruye. En nuestro caso, se hipertrofia y se desplaza. De hecho, se encarece sobre lo que hubiera satisfecho las aspiraciones de la verdadera artífice. A partir de este momento, se mide en función del nivel del expropiador y de sus propias necesidades.

Además, el logro se dignifica. El nivel retributito del nuevo "autor" marca el precio. Su nuevo nivel transaccional se basa en la comparación con parámetros ajenos e inaccesibles a la verdadera artífice: comparaciones de niveles remunerativos entre directivos asimilados al nuevo beneficiario en otras compañías, países, sectores, ó simplemente, respecto a individuos mejor posicionados en similares o sucesivos rangos del propio banco.

El sentimiento de la compañera es fácil de adivinar. Peor, va viendo que su esfuerzo sin reconocimiento se basó más en una factores psicológicos (perfeccionismo, espíritu de equipo...) que en una posibilidad real que si se beneficio a otros.

Mientras la primera parte, la expropiación, es insostenible moralmente, esta segunda (revaloración del mérito en otros) lo es moral y racionalmente porque pone en relación realidades incomparables en un entorno de cicatería salarial para buena parte de la plantilla, donde sin duda alguna se encuentra ella.

Vamos con el perfil del "cuco".
Todos sabemos que este personaje no tiene género. Hombre ó mujer, los define su condición moral y esencialmente, la ocasión (Dice el refrán, "La ocasión hace al ladrón"). Tampoco tienen género aquellos y aquellas a los que este comportamiento, tan extendido, repugna, los que participan por una módica parte y los que colaboran para que el proceso sea irrefutable.

Del contrate de estas prácticas generadoras de las víctimas más cualificadas o más implicadas y los conceptos básicos de la Gestión del Conocimiento surge un mecanismo diabólico y necesario: la difamación a través de los valoradores del banco. Adiós a la honra y a los barcos.

Estos elementos enmarañan la verdad y dificultan la respuesta, a ella misma y a los demás, al porque no voló. Que pasó de excelentes expedientes académicos, profesionales que jamás ascendieron, personas comprometidas en las situaciones más críticas y decisivas de este banco y cuyos trabajos fueron desarrollo, innovación e incluso salvavidas en momentos cruciales. Las de la movilidad, sin horario ni calendario, las de llamar en época de crisis de liquidez, de cambio de coeficientes, de apuestas estratégicas... Porque vieron adelantarse a otros, a todos, sobre su esfuerzo siempre pospuesto a otros reconocimientos prioritarios según épocas no tan lejanas: por no ser "padres de familia", por el equilibrio entre el número de jefes de una procedencia y de otra, por "cordadas" amistosas,.... porque ya has cumplido cuarenta años, por un hijo ó porque has cascao. Me da igual... criterios que no existían a la época de reclamar su competencia profesional.
Es evidente que este engaño tiene pequeños balones de oxígeno para poder darse pero no el reconocimiento que no llega nunca, es burlesco, absorbible e incluso crea enemigos a futuro.
El agradecimiento es un sentimiento muy comprometido, incompatible con el robo (el ladrón no suele agradecer a la víctima haber llenado mejor la cartera). Además...la envidia es libre.
Muy difícil que las profesionales que han sufrido este proceso alcancen una categoría mínima que las proteja.

Desgraciadamente, estas cosas las hemos visto muchos. Una viñeta humorística presentaba una abeja que se preguntaba: "¿por qué desaparecemos? Somos trabajadoras, puntuales, organizadas, sensatas, beneficiosas para el entorno...¡aquí no pintamos nada... Pues eso. Ahora vemos adelantar en la carrera extraños galgos y galgas cuyo bagaje personal es ser jóvenes, "majísimos" y no tener enemigos. Y piensas ahora, que ya es mejor desfogar tus capacidades en una inversión más reconfortante, tus seres queridos, porque aquí no hay rentabilidad a tu inversión ni a tu esfuerzo... Necesitas seguir entregándote pero eso no quita una pizca a tu condición de víctima en una historia bien anterior a tu elección.

Termino diciendo que entre nuestros compañeros se encuentran tanto "víctimas" como "cucos". Curiosamente en este último colectivo me constan personas, que aprovecharon la ocasión, para mayor gloria de sus bolsillos ó del futuro de sus familias y que en la actualidad sienten sonrojo a sus propias actitudes pasadas. La conciencia humana es un misterio. Pero los hechos se siguen repitiendo y potenciando. Pienso que el perdón de unos a otros nos remite a un plano aún más intimo de la conciencia humana y las respuestas siguen estando en el corazón, no en esta organización.

Por todo lo dicho, se deduce que estoy muy lejos de la respuesta predeterminista de F.G. sobre una selección natural de prioridades ajena a los objetivos de BBVA y que se da masivamente en el género femenino más cualificado. Con independencia estos refugios finales, que no apriorísticos como defiende FG, al Sr. Presidente, a sus asesores y a mis compañeros les consta: no es una decisión de género.
Mientras las cosas permanezcan así, mientras no se persigan con diligencia y profesionalizad seguiremos asistiendo a estos expolios individuales basados en el crédito que nosotras mismas otorgamos, en su día, a nuestra entidad y que no merecía. Una medida de la verdadera Responsabilidad Corporativa que, de nuevo, se cuelga de la nariz y no llega al bigote.

Me voy a permitir, como lo hace el banco, recomendar una película para la mejora de nuestras competencias en este sentido: Ratatouille. Con un final fresco en el que se reconoce el verdadero mérito, porque se puede ser HONESTO y hasta sienta BIEN.

Con todo afecto para los que de verdad tienen pasión por las personas, los que buscan un mundo mejor para todos y los que no ensucian su entorno con la malicia y la mentira.

Harriet Martineau

 

 

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