ALGO HUELE A QUEMADO… ¿ SERÉ YO ?

En repetidas ocasiones hemos denunciado los aspectos más agresivos de la organización del trabajo en el BBVA. Últimamente, nuestra campaña sobre las vacantes denunciaba la situación de agobio que se vive en oficinas y departamentos.  La presión para obtener objetivos comerciales o relacionados con el trabajo no tiene límites y la escasez de la plantilla a pesar de la fusión, son aspectos que son obvios para cualquier trabajador de esta empresa. Hoy queremos centrarnos en los efectos perniciosos de esta política laboral, las consecuencias que sufrimos todos los trabajadores sin excepción.

 La presión desde arriba, escalonada jerárquicamente, los objetivos comerciales o de trabajo que son irreales, unidos a la falta de personal, a las nulas expectativas profesionales, a la incentivación basada en evaluaciones arbitrarias y subjetivas, son los elementos que empujan, por una parte, a la prolongación de jornada bajo amenazas directas o subliminales y, por otra, a un progresivo desgaste profesional, que culmina en la expresión “estar quemado”, exhausto, sobrecargado, desgastado. Por supuesto, en el caso de los jóvenes, la precariedad e inseguridad laboral inciden plenamente en este cuadro que describimos.  No debemos olvidar que en esta empresa se valora más la presencia que la eficiencia.  Esta situación, que ha sido debidamente definida por la sicología, supone un desgaste profesional, que se manifiesta con la clientela o los compañeros bajo el signo del estrés y del trato distante e impersonal. El desequilibrio entre las expectativas individuales y la realidad del trabajo diario provoca el llamado “Síndrome de Burnout". Las consecuencias saltan a la vista, fatiga, dolores de cabeza y de estómago, abuso de café, tabaco, alcohol, ansiolíticos, irritabilidad depresiva, falta de concentración y malas relaciones con los compañeros ¿Os suena?. Posiblemente algún compañero cercano esté padeciendo estas consecuencias, ¿o tal vez eres tú?

En esta empresa donde se están reestructurando departamentos y fusionando oficinas continuamente, son muchos los trabajadores que se ven desplazados, algunos deben olvidar sus métodos de trabajo que son minusvalorados, sin olvidar los traslados de unos lugares a otros, incluso a veces a diferentes plazas.  Estos compañeros soportan a veces un hostigamiento psicológico, reciben una comunicación hostil y sistemática por parte de algunos gestores, zonas o superiores jerárquicos, en algunos casos sin ser conscientes del daño que están causando.  Las amenazas bajo la figura de “no das el perfil”, “no cumples los objetivos”, conllevan el riesgo de ser expulsados (por lo menos del área de trabajo u oficina) y buscan que sea la misma víctima quien se sienta responsable de la situación. Normalmente nos callamos, estamos confusos, tenemos ansiedad y finalmente nos deprimimos. La víctima de esta situación denominada por la sicología como “Mobbing” soporta un acoso sistemático, donde disminuye la información, se minusvaloran las capacidades, se acentúan los puntos débiles y finalmente se le aísla. Desde luego no siempre se dan todos estos pasos, pero lo cierto  es que  una buena parte de estas fases se están produciendo hoy en esta empresa, y son siempre los más mediocres y los menos brillantes los llamados a ejercer este tipo de presiones.

Tanto el Síndrome de Burnout como el Mobbing o “acoso moral en el trabajo” se dan diariamente en multitud de empresas de este país. El acoso moral afecta a 750.000 trabajadores, el 5 % de los asalariados (EL PAIS 13-04-2001). En los dos casos hay un elemento que es común, una organización del trabajo pobre y piramidal, donde lo importante son los objetivos hoy y ahora, sin planificar el futuro; importa la cantidad no la calidad.

Los compañeros afectados por ambas situaciones acostumbran a  ser personas idealistas, optimistas, entregadas al trabajo en exceso, con alto nivel ético, honrados, con sentido de la justicia, independientes y con iniciativas. Este el cuadro de personas más susceptibles de sufrir estos procesos.  ¿Qué podemos hacer? Estamos ante un problema diferente pero que también es sindical. El problema es intimo, pocos compañeros dicen lo que les pasa o van al médico, pero si abrimos algunos cajones de algunas mesas aparecen, junto al tabaco y el alcohol, las pastillas. Algunos se autorecetan, con los peligros que conlleva.

En CGT, queremos abordar este importante problema desde diferentes ángulos, que traten por una parte de prevenir, y por otra de buscar soluciones que palien la actual situación. Hemos presentado ya una iniciativa  ante el Defensor del Pueblo para que se tengan en consideración como enfermedades profesionales los cuadros anteriormente citados. También hay una propuesta no de ley  del PSOE sobre el Mobbing en el Parlament de Catalunya; otra iniciativa similar ha llevado a cabo Izquierda Unida en el Parlamento para que sea reconocido como enfermedad profesional. Efectuaremos  gestiones ante el Comité Estatal de Seguridad y Salud y aquellas instituciones que estimemos oportunas, hasta conseguir que algunas de las enfermedades descritas sean consideradas como enfermedades profesionales y pediremos la elaboración de protocolos para prevenir el hostigamiento laboral. En Francia  el acoso moral en el ámbito laboral se castiga con 100.000 francos de multa (2,53 millones de pesetas) y hasta un año de prisión. Sin embargo, es en los países escandinavos donde está más desarrollada la protección a los trabajadores ante estos fenómenos.

Queda la parte más difícil, ¿Qué hacemos si nos vemos afectados? Lo principal es comunicarnos con los compañeros de nuestra confianza, después ponernos en manos de un profesional adecuado si es necesario, tener confianza en uno mismo, recuperar la autoestima, no caer en provocaciones y buscar el apoyo de amigos y familia. Y por supuesto contad con la CGT para denunciarlo de la manera que consideremos oportuna y guardando la debida confidencialidad. Ya se han producido sentencias a favor de los trabajadores con situaciones como las que estamos describiendo. De todo aquello que nos ocurre no se puede culpar al sistema de trabajo, pero en determinados casos sí está suficientemente documentado. El cambio de valores en la sociedad ha convertido el lugar de trabajo en un sitio de competencia implacable y no de compañerismo. En el afán de cumplir objetivos, se utilizan medios ilegítimos, como la guerra psicológica. Estamos construyendo una sociedad insolidaria del sálvese quien pueda.  Debemos defendernos, de ello depende nuestra calidad de vida y nuestro futuro.

Octubre/2001